Tres mujeres hacen guardia en una cabaña levantada en el arcén de la carretera que atraviesa el centro del pueblo de Krivelj, en el corazón de la cuenca minera de Bor, en el este de Serbia. Un brasero calienta el aire, todavía fresco en este comienzo de la primavera, y alguien ha tirado un cable para poder enchufar un televisor. Un vecino que estaba trayendo de su casa unas tazas de café turco da la voz de alarma: “¡Un coche! Salid fuera, son hermanos chinos”, dice con ironía, imitando el lenguaje que utiliza el Gobierno de Belgrado cuando quiere destacar la amistad que le une a su “hermano” Xi Jinping. Inmediatamente, las tres mujeres bloquean la carretera, obligando al vehículo de los “hermanos chinos” a dar media vuelta.
Estas escenas se repiten varias veces al día desde el 29 de enero, cuando los residentes levantaron una barricada, rematada con un cartel (...)


