
- Selçuk
Cuando Donald Trump, al poco de tomar posesión como el 47.º presidente de Estados Unidos, abordó el expediente ucraniano, formuló importantes concesiones en favor de Moscú, como renunciar al proyecto de integrar Ucrania en la OTAN o reconocer formalmente Crimea como territorio ruso. Seis meses después, el Kremlin mantiene sus reivindicaciones territoriales sobre cinco regiones del país vecino y confía en seguir imponiendo a Kiev restricciones en materia de garantías de seguridad. La intransigencia rusa —a menudo explicada por la huida hacia delante de un solo hombre, Vladímir Putin— se explica mejor a la luz de los debates que ha suscitado la apertura estadounidense hacia el país. Se perfilan dos tendencias, pero ambas coinciden en un punto: no ceder en nada en lo relativo a Ucrania.
La situación no carece de ironía: con la adopción de tandas (...)


