Persisten algunas sombras referentes a las circunstancias del drama, pero lo esencial se conoce: Hanan Abdel Rahman Abu Salama tenía 59 años. Estaba recogiendo olivas en el pueblo de Faqqua, a unos quince kilómetros de Yenín, en el noreste de Cisjordania, cuando el pasado 17 de octubre fue abatida de un tiro en la espalda. La madre de familia palestina se hallaba en sus tierras; el tirador portaba uniforme israelí. La víspera de aquel día, sin ir más lejos, un grupo de expertos de la Organización de las Naciones Unidas había instado a las fuerzas de Tel Aviv a que “no interfieran con la cosecha de este año”, una fuente de ingresos vital para un centenar de miles de hogares palestinos en el contexto del colapso económico de los territorios ocupados.
Este homicidio no es sino un nuevo episodio en la interminable crónica de la violencia que consume a Cisjordania, considerada (...)







