A diferencia del salvaje, el bárbaro, encarnado por el árabe, no es incivilizado o a-civilizado; está, desde hace siglos, mal civilizado. Considerando las consecuencias prácticas que de ello se desprenden, resulta todavía más grave, porque su mala civilización, tan íntimamente ligada a su religión, es la causa de su imposible domesticación. De esto dan testimonio especialmente su carácter y sus costumbres, sin evolucionar desde sus orígenes; no son más que los efectos del “hálito esterilizador del islamismo”, cuya “influencia sobre la política y la moral, sobre la ventura y la desgracia de los pueblos de Oriente es demasiado cierta como para que no deba atribuírsele su grandeza o su decadencia” (...).
Convencidos de que el factor religioso es esencial para la comprensión tanto del pasado lejano como del presente de Argelia, los franceses le asignan una gran importancia; este factor les permite entender mejor las dificultades que afrontan para pacificar la (...)


